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Al lío

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Ultimo día de verano

Tengo tan pocas cosas que contar que he dejado abandonado esto. No se si tengo pocas cosas que contar o que no me sale ninguna. No siento ganas de ponerme a escribir, pero siento que esto que tenia al día lo he dejado de lado.

Lo primero es lo primero. El equilibrio mental, la salud, la felicidad, el amor… no se si tendré realmente todo eso, me faltan algunas cosas, que son muy importantes. Esto me ayudaba a desahogarme, a soltar todo lo que llevaba dentro y leerlo para darme cuenta. Todo me resulta tan complicado a veces, y otras tengo la esperanza que todo mejorará. ¡No sé que pensar!

No me puedo quejar, aunque todos nos quejamos, por una cosa o por otra. Tengo de todo menos trabajo, je je (somos tantos hoy en día). Pero tengo cierta tendencia a complicarme la vida con algunas cosas, y creo que ha sido desde siempre. ¿Será que lo fácil y lo común me aburre? ¿O que lo veo tan normal que quiero algo diferente? Lo pienso y la verdad que no. Me voy haciendo mayor y ya no quiero ciertas aventuras! Sentar la cabeza, ¿no? Je je… Me da tanto respeto hacerme mayor, se vienen las peores preocupaciones de la vida, ¡pero hay que asumirlas che! No entiendo la gente que le tiene miedo al compromiso, al convertirse en adulto, al asumir que ya no somos niños… y aun así muchos seguimos mantenidos por nuestros padres, ¿verdad? Je je…

Uff… sabéis, ya tengo ganas de que llegue el invierno.

Año bisiesto


Se me ha olvidado una cosa -dijo. Le dio un beso y se marchó.
Nunca más volvió a verle.

(…)

Empezará a nevar por quinta vez en las montañas y no estaremos juntos. Volverá el frío a entumecer mis manos y seguirá doliendo esta espesa ausencia irremediable. Asomará el alba con paisaje níveo y el agua de las calles se transformará en hielo.

En pocos días el pueblo transmutará sus calles que se colmarán de luces y música, la muchedumbre cambiará sus atuendos y la juventud brindará su lado más jaranero mientras la senectud venera al patrón. Moros y cristianos lucirán sus trajes y brillarán sus miradas palpitantes, desfilando orgullosos al son de las marchas. El espíritu festero radiante de emoción.

Y, pasado todo el bochinche, el sosiego reinará la villa. Descansarán sus almas agotadas de tanto festejo, retomará su ritmo la vida apacible. Entretanto, alguien desviará su camino hacía la urbe y me encontrará alegre, feliz de volver a verlo. Besaré sus labios, tomaré sus manos, siempre cálidas aún con este frío, y dedicaré mi primera sonrisa del día a sus ojos verde-azulados:

Te echaba de menos.

Gilipolleces

Me propuse escribir aun con este mal estar general. Un resfriado mal curado que va y viene, unas ganas tremendas de quedarme metida en la cama con este frio, tomar un timonet caliente o ver alguna película de Chaplin. Ese sería un buen plan para esta tarde lluviosa.

No sé cuantos paquetes de Kleenex habré usado, pero debo tener la piel de la nariz enrojecida de tanto frotar. Incluso empieza a dañarme la vista la luz del monitor.

En casa no se escucha la televisión de fondo, son la 13:02 y todavía no he comido. No tengo demasiada hambre tampoco. Solamente hago que estornudar y pensar. Estornudar y pensar. Tenía que haber ido al Ayuntamiento pero lo dejaré para mañana. Suena el teléfono, quién será ahora? Se que para mi no es, porque quién va a querer llamar a una enferma?

A veces me pregunto por que nos gusta tanto dramatizar. Habrá gente que diga que no, pero miente. A todos nos gusta dramatizar, sea en lo que sea, todos hemos dramatizado alguna vez. Hasta los futbolistas. Tíos que están forrados, que están en buena forma y por una patadita de nada se tiran al suelo a lloriquear, pero a los dos minutos se levantan como si nada y siguen jugando.

Me he tomado la fiebre y no tengo. Recuerdo cuando era niña y todavía iba al colegio, tener fiebre resultaba ser bueno porque así no ibas al colegio. Unas décimas y tu madre te decía, tienes fiebre, llamaré al colegio. Y te pasabas el día en casa, jugando o viendo la tele o durmiendo… Hoy con la edad que tenemos, si tienes unas décimas de fiebre te toca ir al curro igual, y si ahí empeoras entonces te mandan a casa. Pero aunque estés moqueando y estornudando sin parar, el trabajo es el trabajo!

La verdad es que si.

Chucky

Hoy hace un año desde que te fuiste. Ha pasado el año casi sin darnos cuenta y nos hemos acordado de ti todos los días.

Como habrás podido comprobar tenemos una perrita en casa. Al poco de irte llegó ella, para llenar el vacio que tú nos dejaste. Pero no para ocupar tu lugar. Porque tu siempre serás el hermanito pequeño que nosotros teníamos. Gruñón y pasota, a diferencia de Nuca, que es mimada, consentida y delicadita. Hace muchas cosas como tú. Siempre decimos que debes haberle contado algún truquito que otro.

Tengo una foto tuya en mi habitación, para que no se me olvide nunca como era tu carita y el color de tu pelaje. Para sentirte vivo como si nunca hubieras dejado de corretear por la casa. Y tu ladrido siga clavado en nuestra cabeza, como cuando alguien llamaba al timbre.

Dejaste de sufrir un 22 de Noviembre de 2008. Y ese día jamás lo olvidaré. Aunque creí que lo pasaría peor, pero la llegada de la enana me ayudó mucho para no estar triste.

Me quedo tranquila y contenta pensando que, allá donde estés, estarás siempre bien y feliz. Jugando con otros amigos, mirándonos atentamente y recordándonos como nosotros te recordamos a ti. Y sin olvidar todo el cariño que te dimos y te seguiremos dando, aunque ya no estés físicamente.

  • ¡Te queremos Chucky!

Boca – i – Rent

Y aqui te escondes tú. Cien kilometros, menos incluso. Casas viejas, barrios medievales, bares con vicio y cubatas de ron. Oigo la musica del próximo sábado. Perdamos la conciencia, la verguenza, el tiempo. Estais todos invitados.